Relato de Mercedes Pueyo sobre los pastores.

Publicado: marzo 19, 2011 en La vida del pastor

A LOS ABNEGADOS PASTORES DE CANDASNOS

La vida de los pastores de ganado ovino, en el recién comenzado siglo XXI, tanto en este pueblo de Candasnos como en cualquier otro, nada tiene que ver con la actividad de los pastores de épocas anteriores . Relataré mi experiencia sobre su vida en los años cuarenta , que son los años de los que yo, puedo contar algún que otro recuerdo vivido con mi padre y mi tío,  que durante toda su vida, la dedicaron a ese menester.

Algunas de las cosas que me contaba  mi padre es que a los 7 años ya iba con su abuelo de rebadán, que es como se les llamaba a los ayudantes de los pastores. También recuerdo que presumía mucho de que cuando fue mayor,  mientras algunos de sus hermanos se iban de ronda a las tabernas o a las plazas a charrar y pasarlo bien, él iba a las clases de adultos , que daban por la noche los mismos maestros que las daban a los niños por las mañanas, esto era común en muchos personas adultas que no tuvieron ocasión de ir a la escuela cuando tocaba, porque era más importante llevar algún dinero a la economía familiar,  sumamente precaria en los años que mi padre vivió estos episodios  (mi padre nació en 1900 y murió en 1997). Esto ocurría en los primeros años del siglo pasado, cuando una sardina de cubo se repartía para tres.

Mis recuerdos parten desde finales de los 40 hasta los 60 más o menos. La vida de los pastores, para los que tenían vocación para ello, la amaban, pero eso no quitaba un ápice de lo duro que era salir de casa antes de hacerse de día, con frío,  con agua o nieve caminando hasta los corrales donde se quedaba el ganado por la noche, a varios kilómetros de sus casas,  tapados con una manta y como medio de  trasporte, como mucho, un borrico (viéndolo en la distancia, todavía es más duro).Recuerdo una vez que nevó mucho, mi padre llegó a casa a las 10 de la noche, no se veían los caminos en la noche debido a la nieve y se extravió, lo pasó mal y en casa también.

Para los pastores no había domingos ni fiestas de guardar, alguna vez se tenía algún descanso, en fiestas mayores por ejemplo y en enfermedades, pero eran muy escasas, la dedicación era completa

Tengo recuerdos bonitos de mis 7 u 8 años y en tiempos de primavera, en que  los pastores y los rebaños  se acercaban a los campos que rodeaban el pueblo, para que las ovejas comieran la hierba. En esos escasos días, mi madre preparaba la comida y cuando salíamos de la escuela mi hermana y yo junto con mi madre, la llevábamos a donde estaba mi padre, eso para nosotras era más que una fiesta.

Los pastores junto con el burro, tenían dos ayudantes imprescindibles, el perro y el palo, esto último además de elemento intimidatorio para los animales, les permitía, cazar algún conejo o liebre, que venía muy bien para la economía familiar. Al perro, se le apreciaba tanto como a uno de la familia, les quitaba mucho trabajo con el ganado, un buen perro de pastor era imprescindible, uno de los que tenía mi padre estaba tan identificado con él, que si nuestro padre se mostraba cariñoso con nosotras, nos ladraba, porque nos tenia celos. El burro además de taxi lo utilizaban para llevar a algún cordero recién nacido, la época en que parían las ovejas, requería mucha dedicación y trabajo. En la casa de los pastores, no faltaba la leña, sobre todo en invierno. Todas las tardes, ya de noche, llegaba mi padre con el burro cargado con dos fajos de leña, de romeros y  otras leñas, tampoco se despegaban del morral o zurrón, que lo hacían ellos mismos con piel de cabra.

Me gustaba mucho también, cuando llegaba el mes de mayo y tocaba esquilar a las ovejas. El pueblo estaba animado,  los pastores traían los rebaños a las parideras, para que las cuadrillas de esquiladores, procedentes de un pueblo de la provincia de Teruel, de Visiedo, las esquilaran. Nos gustaba ver como lo hacían, con qué destreza formaban unas bolas con la lana, que les llamábamos  “velleros”. La lana  representaba una parte de los ingresos procedentes de las ovejas, con ella se hacían los colchones , se hilaba para hacer peales y jerséis y más prendas de abrigo. Aquí en Candasnos, como no tenemos río, íbamos a lavar la lana a los pozos, un lugar en el monte que manaba agua y también a la ValCuerna, un barranco que por lo general siempre bajaba agua. Yo recuerdo ya en los años… cerca de los 70 del siglo pasado, que debido a una gran sequía, que no salía agua por ningún sitio, de ir a lavar la lana al rio Alcanadre en Ballobar.

La mayoría de los agricultores, más o menos pudientes, tenían ganado, los que carecían de bienes, o emigraban a Cataluña o hacían de pastores; aparte de algunos oficios, había poco dónde elegir. En general,  los sueldos de los pastores  eran muy bajos, yo recuerdo vagamente, que se ganaba entre las 7 Pts. y posteriormente unas 13 ; también les daban trigo, para el pan de todo el año (según el número de miembros de la familia llegaba  o no el pan para todo el año y además había que contar también con los perros).

Para San  Miguel, 30 de septiembre, era cuando se afirmaban, es decir,  se renovaba el contrato con los amos (así llamados los patrones). Se solía oír comentar entre los pastores, ¡mira sigo en la misma casa!, a otros, pues que no quiere subirme el jornal ¡pues lo dejo!. La mayoría de los pastores seguían muchos años en la misma casa, algunos toda su vida.

Al pastor se le permitía tener ganado propio, junto con el del “amo “, una pequeña cantidad, entre 10 y 20 cabezas más o menos, eso les permitía sacar unos duros, cuando vendían algún cordero.

En todos los rebaños había cabras y cuando parían, mi padre, nos traía requesón, casi siempre teníamos leche. En las temporadas que estaba abundante y nos sobraba, mi madre la vendía o la regalaba a alguna familia destacada del pueblo. Para Mayo, también se escodaba a las corderas y recuerdo de comer las colas con una salsa que hacia mi madre.

Había otras cuestiones relacionadas con el pastoreo, pero era concerniente a los ganaderos, yo me tendría que documentar para ser objetiva, es sobre  las partidas que se sorteaban entre los ganaderos cada año o equis años.

También había una parte del monte llamado  “Omprio” en el que podían entrar todos los ganaderos, también creo que aquí concentraban a los mardanos de todos los ganaderos para evitar que cubrieran a las ovejas y así controlar el número de partos en el año.

Por todas las partidas había balsas o depósitos para beber el ganado, cuando venían por el pueblo, lo hacían en la Balsa de las Mulas.

Pese a todas las precariedades y sacrificios que vivieron durante su oficio de pastores,   se sentían muy  orgullosos de su oficio y del trabajo bien hecho, por lo menos  los pastores que yo he conocido.

Todo esto ha pasado a la historia, ya hace por lo menos un cuarto de siglo que las personas del país ya no quieren ser pastores, salvo algunas excepciones, a pesar de que ahora van con coche o los llevan a los corrales los dueños. Ahora la mayoría de los pastores son inmigrantes  de origen subsahariano  y norteafricanos pero cada vez quedan  menos. Los ganaderos se venden el ganado ,que ya no es rentable en estos tiempos y ni siquiera  se aprovecha la lana. La carne de cordero  ha dejado de estar entre las preferentes y si ha aguantado más ha sido por las subvenciones.

Este pueblo de Candasnos llegó a contar  con una cabaña de entre 12 ó 14 mil ovejas,  a fecha de hoy, posiblemente no haya ni 2000 cabezas de ganado .

!En fín! Este es mi pequeño homenaje a un oficio tan sacrificado y tan  querido por mi familia.

Mercedes Pueyo

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comentarios
  1. Candasnos dice:

    Me ha encantado el relato sobre la vida de los pastores . Es increible el desconocimiento que tenemos algunas personas sobre las actividades que han desarrollado las gentes del campo.
    Es una lástima que finalmente esta actividad se convierta en un oficio perdido, pero es importante que haya gente que nos la recuerde.

  2. Debería haber respondido mucho antes a este comentario, pero nunca es tarde para hacerlo, yo ya tengo una edad con mas pasado que futuro y con este oficio de los pastores hay muchos que están en decadencia, si no, desparecidos, siento mucha nostalgia del pasado pero el presente que nos toca vivir es demasiado impetuoso parece un caballo de pura sangre desbocado, La nueva situación presente, quizás consiga domar a este caballo y siga con un trote más pausado, pero hay cosas que ya son irreversibles

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