Archivos para abril, 2011

Me llamo María Turmo y os voy a relatar cómo fueron los pocos años en los que asistí a la escuela; son recuerdos que guardo con mucho cariño y alegría pues me gustaba mucho ir a clase.

Por circunstancias de la vida estuve en una finca en el monte de “Chusepet” y no pude asistir a la escuela hasta los seis o siete años.

Había cuatro aulas, donde recibíamos la enseñanza por dos maestros y dos maestras, con unos cien alumnos en total.

Estudiábamos con un solo libro, que se llamaba” Enciclopedia Grado Medio” y cuando fui algo mayor recuerdo que era un libro llamado “Fundamentos”. Mis maestros se llamaban Doña Camila López, Doña Nieves Gasca Garcés y Doña Isabel.

Durante el invierno, íbamos cada semana dos alumnas a encender la estufa, que era de carbón , así cuando venían la maestra y las compañeras estaba caldeada la clase. Así ocurría diariamente excepto los días de niebla, en la que se hacía mucho humo y había que abrir las ventanas, entonces hacía más frío dentro que fuera. También nos llevábamos un ladrillo refractario, lo calentábamos en la estufa y nos lo poníamos en los pies para calentarlos.

En el recreo de la mañana, la Sra. Casilda Ezquerra era la encargada de la cocción y distribución de la leche en polvo que nos daban –entonces se decía que venía de los americanos– y una pequeña cuña de un queso amarillo. Nuestras madres nos hacían unas bolsas pequeñas de una tela de cuadritos o rayas, donde llevábamos un vaso con asa de aluminio donde  en fila india nos bebíamos la leche.

A pesar de ir poco a la escuela, la viví muy intensamente. Había maestros que hacían repasos por las tardes y yo iba con todos ellos, especialmente con Don Fernando Barles y su hija Ascensión. Daban las clases en el patio de su casa , pues él estaba jubilado. Creo que íbamos  casi todos los niños del pueblo.

Recuerdo con mucho cariño la temporada que estuve en Ontiñena, y fui a la escuela con las monjas, de la congregación Carmelitas Teresas de San José. Allí en su tiempo ya tenían dos escuelas: una privada que era de monjas y otra pública. En Ontiñena aprendí ortografía y caligrafía, con unas libretas que llevaban unas frases hechas y yo tenía que terminarlas. En las libretas ponía Rubio.


Ahora de mayor, cuando tengo más tiempo para hacer lo que me gusta voy a la Escuela de Adultos, a unos cursos que se llaman Taller de Activación a la Memoria y Extensión Cultural, donde soy muy feliz. Llevamos desde el año 2005, primero con José Manuel, después Sergio, y ahora con una maestra que es de Fraga, y se llama Nieves Lorenzo, es muy atenta y cariñosa y nos enseña mucho, estamos encantadas con ella.

Estoy contenta porque estoy haciendo lo que más me gusta ir a la escuela y leer libros.

 

 

Mi cartilla de escolaridad

   

 


 

 

 

 

 

 

 

Me dice Nieves, la profesora, que escriba sobre la escuela…

Empecé siendo muy pequeña. Tendría 4 o 5 años en el año 1947 o 1948. La primera escuela a la que asistí era en casa de “Fermín” donde tiene el piso José Luis Lasierra. Yo era tan pequeña que me llevaba una silla de casa y la maestra, la señorita Manolita, nos ponía debajo de la pizarra. Estos son mis primeros recuerdos de la escuela.

Luego fui con Doña Camila López y Doña Nieves Casanova hasta los diez años. Estando con Doña Nieves cambiamos de escuela ; pasamos de casa Fermín ,a la nueva, cerca de la Capilla y de la Balsa de las Mulas (hoy parque y piscinas desde 1985).

A los diez años pasé a clase de los mayores con Doña Carmen Gil, de Huesca. Con esta maestra aprendimos mucho.

En aquellos años los americanos nos daban leche y queso. A la hora del recreo desayunábamos eso todos los días.

Al llegar a la escuela nos tocaba a dos o tres chicas preparar la leche en la cocina. La maestra nos mandaba dar vueltas por las clases para contar a los niños y niñas , ya que en épocas de siega, vendimia y olivas había menos alumnos en la escuela. Preparábamos para 30 0 40 niños y niñas  de cada clase.

Los chicos  y las chicas estábamos separados. Había dos maestros y dos maestras y si algún vez faltaba la  nuestra, entonces  íbamos con Don Antonio. Este maestro estuvo muchos años aquí e  incluso se casó con una candasnina, Montse.

En el año 1956 o 1957  vino la primera maestra de párvulos: Doña María Artal, que estuvo hospedada en mi casa durante dos años. Los primeros que fueron a párvulos fueron Miguel y Oscar Turmo, Inma y todos los quintos.

En el año 1956 dejé de ir a la escuela por la mañana para estar con mi abuela Lorenza y con mis tíos. Iba entonces por la tarde a clase y mientras mis compañeras hacían ganchillo o cosían, yo realizaba el trabajo que ellas habían hecho por la mañana. Cuando terminaba, Doña Marina Gascón, que fue mi última maestra, me hacía leer en  voz alta “ El Quijote” y “Lecturas de oro”, entre otros. Con ella también comenzamos a hacer exámenes trimestrales, ya que antes nos evaluaban según como llevábamos el curso.

Yo me lo pasaba muy bien porque tuvimos muy buenas maestras. Cuando salimos estábamos muy bien preparados porque nos enseñaron mucho.

Pilar Pérez

Tras la fiesta de  la “Quinta” llegaba la Semana Santa, en la cual la procesión del Santo Entierro y la Pascua eran dos días en los cuales solían participar todo el pueblo. El día de Viernes Santo ,hace unos cuantos años, por tradición el Paso del Nazareno lo llevaban los quintos a hombros. Con el paso del tiempo se sigue sacando con mucha devoción, pero ahora lo llevan las personas como un acto de fe.  La imagen del Santo Cristo suele llevarla actualmente  la misma persona; su padre ya lo había hecho  anteriormente y  su deseo es seguir llevándolo mientras tenga fuerzas.

Contamos con una banda de cornetas y tambores compuesta por chicos y chicas que suelen participar en la procesión.

Las  niñas que van a hacer la primera comunión  se visten de samaritanas.Samaritanas Las túnicas que llevan ,se montan poco antes de iniciarse la procesión. Estas túnicas son unas cubiertas muy antiguas,  de seda, heredadas de madres a hijas, que se conservan en algunas casas. Esta tradición proviene de los años 60.

En la procesión salen dos faroles de cristal,  que fueron donados por una familia como agradecimiento por el regreso de sus hijos sanos y salvos de la Guerra Civil.

La Virgen María va vestida con un traje confeccionado por algunas señoras del pueblo.

También salen tres cruces de penitentes, que en algunas ocasiones llevan cadenas cogidas a los pies. Estas fueron donadas también por una familia del pueblo.

A nivel de pueblo pequeño estamos muy orgullos de nuestra procesión  a la cual asistimos todo el pueblo y personas que acuden estos días a visitarnos. Nos gustaría que las personas jóvenes se involucraran un poco más ,  a fín de preservar  esta tradición religiosa tan importante para nosotros.

Seguimos con el día de Pascua. Antes de la Guerra Civil existía una  ermita de estilo románico , a la cual acudían en romería todos los vecinos del pueblo. Era la ermita de San Bartolomé. Entonces iban andando y una señora ya mayor me contaba que un chico joven llevaba un pendón muy alto. Por si alguno no sabéis lo que  es un pendón os diré que es un estandarte muy alto que dirigía la romería .Me han comentado que si era el abuelo de Pilar Pueyo quién lo llevaba. La cruel Guerra Civil destruyó la ermita,  pero los candasninos seguían haciendo su romería.

En los años 40 y 50   además de andando también iban con  carros y galeras , las cuales adornaban con arcadas de ramos verdes y flores de papel que se encargaban de hacer las chicas;  también arreglaban todos los aperos que llevaban las caballerías para que lucieran de fiesta.

Todo esto se hacia durante una semana y la romería se celebraba el Lunes de Pascua. Aunque no estuvieran aún los mases que hay hoy en día, también iban ha comer al monte.

Sobre los años 70,  un sacerdote que hubo aquí pensó que por qué no se podía construir otra ermita junto a la que había habido antes .Lo propuso y con la aportación de las personas que quisieron colaborar , se construyó la nueva ermita de San Bartolomé.

Personalmente me hubiera gustado que la construcción de la nueva ermita se hubiera parecido a la anterior o bien que la actual fuera más grande  y cubierta.

 

Hoy en día se sigue haciendo la romería  el Lunes de Pascua, pero vamos con los coches. En el camino que se sube a la ermita, el Ayuntamiento  de Candasnos reparte la “rosqueta”  a todas las personas que acuden a la misa .

La rosqueta es típica de aquí y se elabora en la panadería , es de masa de bollo y en  medio de la coca  hay un huevo duro  y está adornada con grajeas de confites.

El Domingo de Pascua era típico ir a buscar la mona que solía regalarla       madrina. Está hecha de bizcocho y se adorna con clara de huevo batido y grajea de confites. Me parece ver aún a las mujeres cuando marchaban a cocer la mona al horno y con qué ilusión íbamos los chicos a buscarla a casa de nuestra madrina.

Da pena  pensar como poco a poco se van perdiendo algunas de nuestras tradiciones, pues éstas forman parte del sentir y vivir de nuestro pueblo.

Relato de Marina Villagrasa

En Candasnos la escuela se empezaba a los cinco años y terminaba a los catorce. Las chicas   iban a una clase y los chicos a otra. Las chicas teníamos la clase en “casa del tío Fermín “y los chicos en las dependencias del ayuntamiento. Hasta los diez años éramos pequeños y a partir de esa edad ya éramos los mayores.

Para calentarnos en invierno teníamos estufas de carbón, pero para que funcionaran teníamos que llevar la leña de casa nosotros mismos. Cuando hacía mucho frío, para calentarnos los pies, nos llevábamos unas latas rectangulares con asa  llenas de brasas de nuestra casa.

Por las mañanas las chicas estudiábamos Geografía e Historia de España, Matemáticas...¡ todo de memoria! La maestra nos preguntaba a cada una por turnos algo de la lección  y entonces pensamos que estudiando solo lo que nos correspondía,  no hacía falta estudiar más. Pero un día faltó a clase la primera de la lista y el turno dio un salto y ahí se descubrió que no sabíamos nada más de la lección que lo que nos “tocaba”.Quiero decir que cuando era el cumpleaños de una alumna se le exculpaba de recitar la lección.

El patio de recreo era la calle en donde jugábamos a la cuerda, a pelota, “marro” y tabas.

Por la tarde todas a coser… Muchas veces para mantenernos calladas, la maestra nos hacía contar,  bien los números hasta cien o la tabla de multiplicar.

Los castigos consistían en ponernos de rodillas  o escribir 10, 100 0 500 veces aquello que habíamos hecho mal. Algún cachete también  nos daban… Yo estuve 15 tardes de rodillas porque no sabía hacer “cruceta” ( punto de cruz). Aprendí sola en casa cansada de que me castigaran. Ahora me gusta mucho hacer cruceta. Tengo 71 años y les he hecho a mis nietos un cojín del Real Madrid con punto de cruz.

VIVENCIAS EN LA ESCUELA

Soy Rosa Ballestar Janín y voy a relatar como era la escuela en los tiempos en los que yo asistí a ella. Tan solo tenía cuatro años cuando fui por primera vez a la escuela, oficialmente se asistía a los cinco o seis años, pero me cogieron porque iba con mi hermana mayor.

Mis primeros maestros se llamaban Angelita y  don Manuel García que  estaba casado con una señora de Candasnos llamada Emilia . Este maestro  recuerdo que nos hacía clase en el salón de “Mariñoso”; también recuerdo que para hacernos callar daba un golpe  con la regla en la mesa y todos nos quedábamos en silencio.  Todos íbamos juntos chicos y chicas ; esto fue después de la guerra.

Luego mi maestra fue doña Luisa Sánchez que era de Jaca. Con ella permanecí  en la escuela desde los seis años hasta los catorce. Para mí fue una gran maestra.

Por la mañana las clases comenzaban a las 9 y las dedicábamos a lecturas en voz alta, problemas de matemáticas, dictados y redacciones, cuentas, algún día dibujo; por las tardes,  las chicas las dedicábamos a la costura.

Los jueves nos llevaban  a coser  a una era, nos enseñaban canciones y juegos o nos llevaban de paseo a los puentes de la carretera de Ontiñena.

El día que tocaba esta excursión , la maestra por la mañana , nos decía que trajésemos la merienda  para la salida.

Había otra maestra en la escuela que se llamaba Anita, que también era estupenda. También venían dos maestros con los chicos, entonces teníamos dos clases de chicas y dos clases de chicos. Los dos  maestros se llamaban Antonio y uno era rubio y el otro moreno. Los dos se hospedaban en casa de casero. Eran también eran buenos maestros y enseñaban mucho. Mi hermano mayor asistió a la escuela  con ellos.

Doña Luisa Sánchez también nos enseñó a hacer teatro, que representábamos a final de curso o en Navidad. Yo recuerdo una función que representamos en el granero de Casa Fermín.

También fui alumna de doña Camila López, cuyo marido también fue maestro y se llamaba Don José Caulin.

  

La Fiesta de los Quintos

Algunas  tradiciones de mi pueblo, aunque no hayan sido demasiadas  y se vayan  perdiendo  con el tiempo ,  todavía perduran y se siguen  conservando .

Una de las que a mí más me gustaban era la de los quintos,  pues era una fiesta en la que se involucraban los jóvenes del pueblo.

La fiesta de la quinta se hacía cuando los mozos iban a la mili. Esta fiesta se solía hacer en el mes de febrero  y duraba una semana. En la plaza Mayor se encendía una hoguera que duraba una semana  y en la que comían y cenaban  todas las personas que a ella se acercaban.

Cada día los mozos iban a buscar a las chicas para ir al baile. En la cintura cada quinto llevaba un gancho de hierro en el que se  colgaban unas cintas que  solían regalar las chicas y que además llevaban unas dedicatorias.

El sábado de la semana de la quinta, era costumbre de pasear unas tortas, que se  hacían en  las panaderías  y eran típicas de aquí .Las tortas estaban hechas de masa de bollo con frutas escarchadas y piñones. Las tortas se colocaban  en unas tablas y junto con la orquesta los quintos daban la vuelta al pueblo . Más tarde se repartían: a los niños en el colegio, a los mayores en sus casas y a los demás en el baile.

En la entrada del baile se pedía la voluntad y los quintos y las personas y familias que acudían al baile pagaban la orquesta. El domingo se iba a misa y ese día los quintos estrenaban sus trajes .Al salir de misa se iba al ayuntamiento y allí se tallaban a los quintos; el que no daba la talla no hacia la mili y los que eran hijos de viuda también se libraban. Cuando mi padre tuvo que ir a la mili prefirió hacerla en las minas; mi marido voluntario y mi hijo objetor de conciencia en la Cruz Roja.

Quizás en las capitales esta fiesta  pasara desapercibida ,pero tenemos la ventaja en los pueblos que las cosas las vivimos con más intensidad.

Da tristeza pensar que en dos años ya no se pudo celebrar la “quinta” por haber descendido tanto la población de Candasnos.

Los últimos años se pudo celebrar gracias a la igualdad entre hombres y mujeres, y juntos pudimos proseguir con el festejo de la fiesta de los quintos.

Antes de llegar el agua del Canal de los Monegros no había otra que la caída del cielo. El agua de lluvia era recogida por las balsas del término municipal de Candasnos. Eran las que surtían de agua de boca a  los vecinos, a las bestias de labor y a las ovejas.

Encontramos  la Balsa del Tejar donde abrevaban los rebaños de la trashumancia; el Hondo de la Unilla, laguna con frecuencia completamente seca antes de los regadíos y que actualmente está llena de agua y de vida gracias  a las escorrentías de lo que se riega con el canal; la Balsa de las Mulas donde se construyeron posteriormente las piscinas municipales; la Balsa del Pozo, el Balsalote y la Balsa Buena utilizada exclusivamente para consumo humano.

LA BALSA BUENA

La Balsa Buena pertenecía a la infraestructura de abastecimiento de agua de la antigua calzada romana que unía Tarraco con Caesaraugusta.

Se trata de un vaso circular, formado por muros de grandes piedras, de 20 metros de radio y 3 metros de altura, con un pilón en el centro que mide el nivel del agua y cinco aberturas equidistantes. Se alimentaba  de agua por la del norte y se aliviaba por la del sur, que era más ancha y era por la que los vecinos de Candasnos  generalmentela  extraían .

El agua de la Balsa Buena era extraída por las mujeres con cántaros y se guardaba fresca en las tinajas de las bodegas.

Estaba prohibida la recogida de agua con cualquier medio o sistema que no fuera el cántaro, por medidas higiénicas, ya que los pozales o galletas eran también utilizados para otros fines; también por economizar  y evitar el abuso del consumo de agua, ya que costaba más llenar un cántaro,  obligando incluso  a formar filas para la extracción.

Periódicamente se procedía a la limpieza de la Balsa Buena. Se dividía en quiñones iguales o porciones de cargadal o barro sedimentado, que se  asignaba a cada familia del pueblo y que estaban obligados a la extracción del  barro de cada tajo.

Estas líneas están extraídas de un interesante monográfico de       José Bada sobre el tema

Fotografías 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA OLYMPUS DIGITAL CAMERA OLYMPUS DIGITAL CAMERA

RECUERDOS DE ELVIRA GALINO SOBRE LA BALSA BUENA

Yo tenía entre seis y ocho años cuando ocurrió esto que quiero contar… La limpieza de la Balsa Buena y de la Rebalsa cuando el barro estaba seco, se hacía entre todos los agricultores y ganaderos de Candasnos,  y el sistema era un quiñón por casa. No se miraba ni ricos ni pobres, eran todos por igual . A mi pobre padre,  aquel sistema no le parecía que  fuera justo y empezó a decir a algunos pequeños agricultores que no limpiaran lo que se les había asignado. Había algunos cabecillas que le dieron la razón, pero mucho hablar pero nada más- por supuesto no doy nombres ni apellidos por respeto, ya que no están entre nosotros-. Llegó el día de la limpieza y mi padre limpió el trozo asignado,  dejando parte sin limpiar porque entendía que era injusto. Los que le habían dado la razón se desdijeron de su palabra y limpiaron sin rechistar todo su trozo, dejando a mi padre solo.

Por supuesto , las represalias no tardaron en llegar. Lo llamaron del ayuntamiento y le dijeron que si no limpiaba lo que había dejado le ponían una multa de 50 pesetas. Le dieron un plazo de quince días, y le advirtieron que tomarían otras medidas si no accedía. Mi padre les dijo que ni limpiaba ni pagaba.

En el pueblo había mucho cotilleo sobre el tema. Una persona muy cercana a mi padre y al Presidente de la Hermandad,  responsable de la limpieza de las balsas y arreglo de caminos, sabedor de la cabezonería de ambos y que ninguno iba a ceder en el tema, le aconsejó a mi madre que pagara la multa y todo quedaría resuelto.  A mi madre le pareció mal ponerse delante de su marido, pero era grande la presión que la pobre padecía .  Por un lado estaba la persona que tanto quería, mi padre, que lo veía sufrir, y luego estaba yo, que me resultaban insufribles los comentarios de algunas compañeras en el colegio, que me decían que si mi padre no pagaba o limpiaba lo que había dejado,  lo llevarían a la cárcel.

Iban pasando los días y finalizaba el plazo. La persona que aconsejó a mi madre se ofreció a pagar el dinero de la multa, pero mi madre le decía que no era una cuestión de dinero sino  de razón y justicia. Así que mi madre , por el bien de todos y callar bocas,  un día se decidió a pagar la multa sin saberlo mi padre. Al día siguiente se mandó limpiar el trozo de Rebalsa que quedó sin limpiar.

En la próxima limpieza, mi padre limpió su quiñón y no escuchó nada porque no creía en nadie. Se dio cuenta que no podía luchar solo con lo que él creía que era de justicia y contra el “ordeno y mando”. Posiblemente sufrió más por la traición de los pequeños agricultores que por el sistema.

Hoy esto me parece una anécdota, pero en su día fue un incidente bastante desagradable.

Con este recuerdo, quiero rendir un pequeño homenaje a mi padre José Galino Cruellas, el protagonista de esta historia, quien fue un hombre bueno, trabajador , honrado y justo.

Nota de Elvira Galino, su hija:

Mi padre se enteró que mi madre había pagado la multa veinte años más tarde; sin embargo, él siempre sospechó  sin decirlo, que así había ocurrido”.