Archivos para enero, 2012


Se entiende por nevera o pozo de nieve una construcción de carácter utilitario de frecuente utilización  entre los siglos XVI y XIX, cuya función era el almacenaje y conservación del hielo y nieve invernal para su posterior uso en meses estivales.
Al principio el uso de la nieve y el hielo estaba limitado a las clases altas, utilizándose para conservar alimentos, beber fresco y tomar productos selectos como helados y sorbetes. El consumo se generalizó entre la población a partir del siglo XVII. Se le encontraron nuevos usos medicinales, para aliviar los estados febriles, como analgésico o para cortar hemorragias. La nieve no podía faltar a los enfermos que la solicitaran (que era con receta médica).


Estas monumentales construcciones, tan injustamente infravaloradas por su marcado utilitarismo , fueron centro de cuidados  y constante atención durante siglos. El desarrollo de la ciencia médica a lo largo del siglo XIX y la aparición de los primeros frigoríficos industriales (la primera fábrica de hielo de Aragón se instaló en Zaragoza en 1878) supusieron el paulatino abandono de estas construcciones.
 Hoy han desaparecido por completo en casi todas las ciudades a causa del imparable desarrollo urbano. En numerosos pueblos y localidades de nuestra península, con un crecimiento histórico más moderado, aun pueden contemplarse, casi siempre en un delicado estado de conservación. No es el caso del pozo de hielo de la población de Candasnos, recuperado del olvido y sometido a una magnífica rehabilitación.


Sobre el  Pozo de hielo de Candasnos, al día de hoy todavía carecemos de datos relativos a la fecha de construcción, propiedad y sistema de explotación del pozo local. No existe ningún tipo de documentación en los archivos municipales.

Se sitúa a las afueras de la población de Candasnos. Se localiza en el interior de un montículo troncocónico de 35 metros de diámetro aproximadamente. Esta construido con sillares, sillarejo y mampostería de piedra de la zona.
Lo conforma una estructura circular abovedada de 5,25 metros de diámetro y culmina en un vano cuadrangular de llenado, situado a 6,85 metros de altura  máxima sobre el nivel del fondo, que se encuentra nivelado y empedrado. Existe un único acceso situado al norte del montículo y a mitad de ladera; a través de una escalera construida en la ultima restauración se llega a un vano adintelado por el cual se entra atravesando un pasillo, igualmente adintelado, que conecta con el interior de la estancia abovedada a una altura de 3,60 metros de la base.
En el talud oriental existe un túnel excavado en el montículo que conduce hacia el pozo a nivel de la base, pero con la peculiaridad del que finaliza al llegar al  muro perimetral de la estructura circular. Por lo tanto, este pasillo no comunica con el interior de la estancia ni el muro parece mostrar huella alguna de haberlo hecho en ningún momento. Se desconoce la función de este túnel; tal vez se trate de una obra inacabada.
El pozo fue restaurado en las últimas décadas, incorporándose elementos en su perímetro como la escalera de acceso y el aterrazamiento frente a la entrada, así como la construcción de una pequeña fachada en torno a un arco de medio punto en la entrada alternativa oriental.
La denominada Balsa Buena, antiguo aljibe situado en las proximidades que pudo tener relación con el pozo, utilizándose para conseguir el hielo en los días invernales.

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Es primero de octubre, tiempo de las almendras, pero  debido a la trasformación de nuestros campos de secano a regadío, hubo que hacer la concentración parcelaria y por ese motivo las plantaciones de almendros han desaparecido casi en su totalidad. En mi casa se conservan cuatro almendros a las orillas de la parcela de maíz, para consumo  de la familia, como que ya se han recogido del campo, estamos mi marido y yo mano a mano  limpiando o las almendras.Este trabajo me retrotrae a tiempos pasados, por lo menos a veinticinco o treinta años atrás, cuando las almendras se limpiaban con una máquina con motor y que dejaba muchas sin limpiarlas bien,  entonces  en el almacén, cerca de la máquina de ponía una mesa en la que se echaban paladas de almendras  de las que no limpiaba la máquina y a su alrededor seis u ocho personas entre padres, abuelos ,algún familiar o amigo que le gustaba echar una mano se acababan de limpiar a mano y se formaba una amena y distraída reunión.Es bonito de recordar pero también en estos recuerdos afloran las personas queridas, que  por edad y otras circunstancias ya no están entre nosotros .
Este episodio del escosque de las almendras en ese tiempo que  se está muy bien en la calle que todavía hace calor, resultaba muy agradable, no así el ir al campo a cogerlas, a mí  personalmente me sentaba fatal esta tarea, siempre íbamos después de comer, cuando los críos marchaban a la escuela o antes, si estaba la abuela cerca, llegábamos al campo  con un calor horroroso, el calor era malo, pero ¡ojo¡ las moscas que te comían viva. Por aquel entonces había en el pueblo un sargento de la guardia civil, que su señora la Avelina tenia amistad con mi cuñada, pues las dos eran del mismo pueblo Aragüés del Puerto .A esta mujer le encantaba venir a coger almendras y hasta el sargento venia algunas tardes ,eran muy buena gente y nos hacían pasar las tardes mejor.A pesar de los pesares  había que hacerlo, en secano es una  de las cosas  que se cultivan y contentos el año que había cosecha, que la mayor parte de los años se helaban y también dolía contar con un ingreso menos.
Con las almendras lo de la rentabilidad, todavía ha sido peor que con las olivas, hace por lo menos 40 años que llevan el mismo precio y hace mas de 20, que si no se habían helado, se dejaban en el campo porque se perdía dinero.Les decíamos a nuestros hijos adolescentes por aquel entonces y antes de empezar en el instituto, que si querían coger algo de almendras, el dinero seria para ellos, lo hicieron algún año, pero el  dinero que sacaban creían que no compensaba el esfuerzo, así que, prefirieron ir los veranos a bares o restaurantes que sacaban más dinero para ayudar en sus estudios.
Estos son recuerdos, quizá un tanto personales, pero creo es lo más parecido al común de como se vivía en las demás familias.
M.P.

En Candasnos, como en casi todos los pueblos de los Monegros y  por consiguiente, territorios extremadamente áridos y secos, sus cultivos tienen que ajustarse  a las condiciones de su aridez y escasa lluvia.
En las casas de labranza o que se tuviera un poco de tierra, era normal tener una viña con almendros ,olivos y algún que otro árbol frutal, como albaricoques, higueras y una especie de melocotón que le decían abridores y alguna que otra cosa más.
Mi abuelo que no fue labrador y ya estaba jubilado, tenía un pequeño huerto en el monte alto. Al pie del tozal estaba la higuera, que era muy grande (para mí era la higuera más grande del pueblo), a la derecha de la higuera, el pequeño huerto con los frutales anteriormente mencionados, también sembraba garbanzos y alguna que otra hortaliza, todo ello lo regaba con agua de lluvia que recogía en una poza que él hizo. Por la orografía del terreno era fácil recoger el agua de la lluvia, tanto allí, como en la curanzana (Cruzanzana)  donde tenía otro minúsculo huerto, todo ello, era cultivo de subsistencia y entretenimiento, lo que aportaba era muy poco, pero entre los años 1940 y 50, todo venía bien.
Yo que por aquel entonces  era una cría, me  gustaba mucho pisar las matas de garbanzos para desgranarlos, bailando sobre ellos se conseguía que los garbanzos salieran fácilmente de las vainas, los aventábamos y los guardaba mi madre en  pequeñas bolsas de tela.
Mis vivencias sobre  la tarea de la recogida de las olivas, cuyo aceite siempre ha sido muy apreciado por todos, comienzan a partir  de principios de los sesenta, que es cuando me casé.
Los agricultores, que contaban con mas tierras, ya tenían plantaciones más o menos grandes de olivos y almendros, entre estos estaba la familia de mi marido y aquí sí, que había tajo para la recogida de estos frutos, además de los miembros de la familia, había que recurrir a cuadrillas de personas para ayudar y  que la recogida, no se eternizara. A estas personas se les pagaba un jornal por día o tarde trabajados.


Cuando el día era soleado y el frio llevadero, resultaba una tarea amena distraída y se pasaba bien, se solía ir todo el día, nos llevábamos la comida, normalmente se desayunaba en casa, pero algunas veces, también, se hacía en el campo, al calor de las buenas fogatas, que los hombres hacían dentro de las  casetas, que solía haber por los olivares, también se hacían buenas hogueras fuera y al mediodía, si el tiempo lo permitía, se comía allí mismo, al calor de la hoguera.
Dentro de la caseta o fuera de ella, siempre cerca del fuego, comíamos y reíamos con los chismes e historietas,  que contábamos unos y otros.
Los jornaleros y mayormente jornaleras, que nos acompañaban  en estas tareas, eran personas muy entrañables, una de ellas se llamaba Consuelo (para todo el pueblo la Consolito) ,muy buena mujer, pero en su ingenuidad y simpleza aparente (que no era real) nos hacía reír con sus historietas, las tenia de todos los colores, cotidianas, de su día a día, con su marido Francisco ( personaje  curioso, donde los haya)  y otras, como algunas de las vivencias que le tocó protagonizar en tiempos de la Guerra Civil, que  no estaban carentes de dramatismo ,pero que contadas por ella no podías dejar de sonreír.
Compañera de fatigas era la Teresa (para todos la tía Casta), se la llamaba así porque su marido era el tío Casto. Esta mujer estaba llena de picardías más o menos subidas de tonos verdes, y ya se sabe, la animación estaba servida,  de esta manera el trabajo parecía  menos duro y las escaleras y las  borrazas nos pesaban menos.
Llamábamos borrazas a las sábanas o telas que extendíamos en el suelo, para que las olivas al peinarlas cayeran sobre ellas. Para cambiarlas de árbol, las cogíamos entre dos o  cuatro personas, si había poca oliva no había problema, lo malo era cuando ya estaban demasiado llenas y además mojadas por la escarcha que había en los olivos, esto originaba algún rifirrafe con los hombres, que se hacían el remolón para echar las olivas en los sacos, posteriormente las sabanas fueron y son de malla de plástico, resulta mucho mas fácil.
No todo resultaba así de fácil, yo recuerdo coger olivas a temperaturas muy bajas, con unos chupones que colgaban de las ramas de las oliveras, mientras, seguía helando, estábamos secos, llevábamos guantes y a cada rato nos calentábamos en la hoguera, lo malo era cuando empezaba a calentar el sol y el hielo se deshacía, entonces  se nos mojaba la ropa y en algunos casos había que dejar que se secaran las oliveras, porque hasta para los árboles ,no era bueno trabajar en esas condiciones.
En el presente, aun se siguen cogiendo las olivas de manera artesanal, pero son los menos. Si la propia familia no se las puede coger, dejan de ser rentables. Debido al envejecimiento de la población y de que la juventud  se ha ido o que no están por estas labores, se hizo algunos años a medias  con grupos de jubilados aun jóvenes, también personas de raza gitana, que se dicaban a ello, y ahora, ni eso, si se tiene que buscar jornaleros con los sueldos que se pagan, es preferible comprar el aceite, ya que con las grandes plantaciones de olivos en regadío hay tanta superproducción que el aceite está muy barato y no compensa.
Hoy en día aun hay quien puede coger las olivas como siempre, el clima es mucho más benigno que antes y es una tarea bonita
M.P