Olivos,almendros y cultivos de subsistencia- Mercedes Pueyo-

Publicado: enero 15, 2012 en La actividad agrícola

En Candasnos, como en casi todos los pueblos de los Monegros y  por consiguiente, territorios extremadamente áridos y secos, sus cultivos tienen que ajustarse  a las condiciones de su aridez y escasa lluvia.
En las casas de labranza o que se tuviera un poco de tierra, era normal tener una viña con almendros ,olivos y algún que otro árbol frutal, como albaricoques, higueras y una especie de melocotón que le decían abridores y alguna que otra cosa más.
Mi abuelo que no fue labrador y ya estaba jubilado, tenía un pequeño huerto en el monte alto. Al pie del tozal estaba la higuera, que era muy grande (para mí era la higuera más grande del pueblo), a la derecha de la higuera, el pequeño huerto con los frutales anteriormente mencionados, también sembraba garbanzos y alguna que otra hortaliza, todo ello lo regaba con agua de lluvia que recogía en una poza que él hizo. Por la orografía del terreno era fácil recoger el agua de la lluvia, tanto allí, como en la curanzana (Cruzanzana)  donde tenía otro minúsculo huerto, todo ello, era cultivo de subsistencia y entretenimiento, lo que aportaba era muy poco, pero entre los años 1940 y 50, todo venía bien.
Yo que por aquel entonces  era una cría, me  gustaba mucho pisar las matas de garbanzos para desgranarlos, bailando sobre ellos se conseguía que los garbanzos salieran fácilmente de las vainas, los aventábamos y los guardaba mi madre en  pequeñas bolsas de tela.
Mis vivencias sobre  la tarea de la recogida de las olivas, cuyo aceite siempre ha sido muy apreciado por todos, comienzan a partir  de principios de los sesenta, que es cuando me casé.
Los agricultores, que contaban con mas tierras, ya tenían plantaciones más o menos grandes de olivos y almendros, entre estos estaba la familia de mi marido y aquí sí, que había tajo para la recogida de estos frutos, además de los miembros de la familia, había que recurrir a cuadrillas de personas para ayudar y  que la recogida, no se eternizara. A estas personas se les pagaba un jornal por día o tarde trabajados.


Cuando el día era soleado y el frio llevadero, resultaba una tarea amena distraída y se pasaba bien, se solía ir todo el día, nos llevábamos la comida, normalmente se desayunaba en casa, pero algunas veces, también, se hacía en el campo, al calor de las buenas fogatas, que los hombres hacían dentro de las  casetas, que solía haber por los olivares, también se hacían buenas hogueras fuera y al mediodía, si el tiempo lo permitía, se comía allí mismo, al calor de la hoguera.
Dentro de la caseta o fuera de ella, siempre cerca del fuego, comíamos y reíamos con los chismes e historietas,  que contábamos unos y otros.
Los jornaleros y mayormente jornaleras, que nos acompañaban  en estas tareas, eran personas muy entrañables, una de ellas se llamaba Consuelo (para todo el pueblo la Consolito) ,muy buena mujer, pero en su ingenuidad y simpleza aparente (que no era real) nos hacía reír con sus historietas, las tenia de todos los colores, cotidianas, de su día a día, con su marido Francisco ( personaje  curioso, donde los haya)  y otras, como algunas de las vivencias que le tocó protagonizar en tiempos de la Guerra Civil, que  no estaban carentes de dramatismo ,pero que contadas por ella no podías dejar de sonreír.
Compañera de fatigas era la Teresa (para todos la tía Casta), se la llamaba así porque su marido era el tío Casto. Esta mujer estaba llena de picardías más o menos subidas de tonos verdes, y ya se sabe, la animación estaba servida,  de esta manera el trabajo parecía  menos duro y las escaleras y las  borrazas nos pesaban menos.
Llamábamos borrazas a las sábanas o telas que extendíamos en el suelo, para que las olivas al peinarlas cayeran sobre ellas. Para cambiarlas de árbol, las cogíamos entre dos o  cuatro personas, si había poca oliva no había problema, lo malo era cuando ya estaban demasiado llenas y además mojadas por la escarcha que había en los olivos, esto originaba algún rifirrafe con los hombres, que se hacían el remolón para echar las olivas en los sacos, posteriormente las sabanas fueron y son de malla de plástico, resulta mucho mas fácil.
No todo resultaba así de fácil, yo recuerdo coger olivas a temperaturas muy bajas, con unos chupones que colgaban de las ramas de las oliveras, mientras, seguía helando, estábamos secos, llevábamos guantes y a cada rato nos calentábamos en la hoguera, lo malo era cuando empezaba a calentar el sol y el hielo se deshacía, entonces  se nos mojaba la ropa y en algunos casos había que dejar que se secaran las oliveras, porque hasta para los árboles ,no era bueno trabajar en esas condiciones.
En el presente, aun se siguen cogiendo las olivas de manera artesanal, pero son los menos. Si la propia familia no se las puede coger, dejan de ser rentables. Debido al envejecimiento de la población y de que la juventud  se ha ido o que no están por estas labores, se hizo algunos años a medias  con grupos de jubilados aun jóvenes, también personas de raza gitana, que se dicaban a ello, y ahora, ni eso, si se tiene que buscar jornaleros con los sueldos que se pagan, es preferible comprar el aceite, ya que con las grandes plantaciones de olivos en regadío hay tanta superproducción que el aceite está muy barato y no compensa.
Hoy en día aun hay quien puede coger las olivas como siempre, el clima es mucho más benigno que antes y es una tarea bonita
M.P

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