Archivos para marzo, 2012

(León Anel Sin, uno de los personajes ilustres de Candanos-Huesca)

Candasnos, una de los once pueblos que actualmente constituyen la comarca del Bajo/Baix Cinca, cuenta con una larga lista de personajes que honran esta localidad oscense. Entre ellos: Domingo Sobrarías, Juan A.Comas, Pedro M. de Allué, Pedro Abió, Félix Sasot, Antonio de Allué y Sessé, Antonino J. Ezquerra,  Andrés Callén, Jesús Arnal, José Sampériz y el que sigue:

León Anel Sin nació en la localidad de Candasnos (Huesca) en 19 de febrero de 1804. Su padre don Gregorio Anel Gómez era médico en esta localidad, el cual contrajo matrimonio en la iglesia de Candasnos con doña Vicenta Sin Coronas, natural de Estadilla (Huesca). León iba a ser el menor de seis hermanos, pues su padre murió en 1805, restando la madre viuda en dicha localidad, hasta que falleció en 1834.

El mayor de los hermanos estudió sus primeras letras en Candasnos hasta que atraído por la guerra se hizo militar pasando a Pamplona lugar donde se retiró como comandante de infantería hasta su fallecimiento en 1853.  Su hermano Marcos falleció poco antes de finalizar sus estudios de medicina. Su hermana Antonia, sobrevivió a todos ellos, felizmente casada, restando de por vida en Candasnos.

León Anel Sin pasó a Zaragoza para primeramente Filosofía. En 1826 cursó Estudios de Agricultura y Botánica de la Real Junta de Comercio de Cataluña. En 1827 curso Física y Química, en el colegio de San Victoriano en Barcelona; en 1828 Historia natural en el mismo real colegio, año que completaba sus estudios de Licenciatura en Medicina iniciados en Zaragoza. Pasó a ejercer de médico en su pueblo natal dos años,  para presentarse al Cuerpo Médico de Cirujanos del Ejército.

Casado en 1830 en Barcelona con doña Francisca Malet y Simón, natural de Camprodón (Girona) de quien tendría al menos dos hijos, que mencionaremos.

Obtuvo plaza en Barcelona siendo su primer destino el 22 de febrero de 1832, reasladado a Girona y más tarde a Bailén, hasta obtener el empleo de profesor.

Consta en su brillante hoja de servicios alrededor de sesenta acciones militares, desde la guerra civil de 1837. A este personaje correspondió el diseño de una nueva camilla de guerra, a la que bautizó como “parihuela de campaña” que abandonaba las dos barras hierro y las  maderas como travesaños, por barras de madera menos pesada y tejido resistente entre ambas.

Desde 22 de noviembre de 1858, con empleo de Inspector, participó en la guerra contra el imperio marroquí, en las campañas de 1859, destino acogido con buenos ojos por el ministro de Guerra y teniente general don Leopoldo D’Donnel, conde de Lucena, con quien ya había servido con anterioridad. Acabada la guerra, regresó a Madrid donde recibió la condecoración de manos de la propia reina Isabel II.

Retirado en 1866 al país Vasco, lugar de residencia de su hijo Federico Anel Malet, vivió felizmente con su familia, hasta que vio desaparecer a su esposa en 1874 de una muerte repentina.  Su hija Matilde Anel Malet, nacida en 1805, residente en Madrid, murió atropellada a los 71 años en esta ciudad, en la carrera de San Jerónimo, atropellada por un vehículo. El citado hijo Federico publicó la conocida obrita: “Proyecto de reglamento para la Enseñanza práctica simultánea de la Agricultura en España” (Bilbao, 1881).

Resumiendo los méritos del candasnino don León Anel Sin diremos que fue caballero de la Gran Cruz de la Real orden Americana de Isabel la Católica, comendador de dicha Orden y cuatro veces condecorado con la Cruz de caballero de la reina Isabel, condecorado con las cruces de Bilbao, Mendigorria, Irún y Tales, medalla de África, crus de Epidemias, socio corresponsal de la Acsdemia provicisl de Ciencias y letras de las Islas Baleares, socio del instituto médico valenciano, Inspector del cuerpo médico de Sanidad Militar, Director de Sanidad en el ejército de Africa. Murió en Madrid, el 17 de enero de 1876.

 

En el año 1928 , mi abuelo por parte paterna que  trabajaba en la compañía eléctrica Barcelona Traction,  llamada popularmente La Canadiense -a causa de su origen  canadiense-, fue destinado desde Torrente de Cinca , donde vivía  a Candasnos, a una  casa de campo a la cual llamábamos el Campamento.

A mi abuelo lo enviaron como capataz a cargo de una brigada que se dedicaría a instalar una línea de alto voltaje desde Serós hasta Escatrón. Cuando estalló la guerra en el año 39, en casa de mis abuelos se refugió mucha gente del pueblo. Con el tiempo se compraron una casa y unas hectáreas de terreno alrededor del Campamento. Mi abuela que era una buena persona recogía a toda la gente que mi abuelo le llevaba. Eran tiempos difíciles cuando vivían en el campo, pues mi abuela iba muchas veces a comprar todo lo que le hacía falta al pueblo andando.

En 1948 cuando no había mucho dinero en las casas de los agricultores de Candasnos, la compañía de la luz, le propuso a mi abuelo  si habría algún joven interesado en irse a trabajar con ellos para instalar las torres de alta tensión. El destino era el Valle de Arán y en el puerto de la Bonaigua estaban las oficinas y el almacén de suministros. Por medio de un pregón lo anunciaron. Que recordemos se fueron a trabajar siete personas del pueblo:

Andrés Mariñoso,José Ballabriga,Hermanos Villagrasa,Joaquín Cacho Fernando Ballabriga  y Esteban Mercadal.

Estos mozos salieron del pueblo el 17 de noviembre de 1948 para trabajar en la compañía eléctrica y continuaron en ella hasta que se jubilaron.Después el trabajo que hacía mi abuelo pasó a mi padre, pero él se dedicaba a pasar el parte del recorrido de la línea de teléfono desde Torrente de cinca hasta Sástago. Cuando trabajaba mi padre la compañía pasó a llamarse Fuerzas Eléctricas de Cataluña.

En el año 1959 volvieron a decirle a mi padre si quería ir alguien más a  trabajar  y entonces marcharon Tomás Guiu, Julio Vicente  y Oscar Lapena que también se jubilaron en ella.

De nuevo cambió el nombre de la compañía y pasó a llamarse Fecsa.

Mi abuelo José Blanch Cazador murió de viejo, pero su hijo, mi padre, murío de la luz a los 41 años en 1963.

Tengo que agradecer a los jefes de aquel momento todo el interés que pusieron en apoyar a mi madre y a nosotras. Los jefes le dijeron a mi madre que gracias a la reputación en el trabajo de mi abuelo y mi padre le quedaría una paga decente para sacarnos adelante a mí y a mis hermanas. Mi padre falleció haciendo la

instalación que pertenecía a otra compañía.

 

 

 

 

 

 

Ahora el campamento ha pasado a ser propiedad de Elena Blanch, en memoria y recuerdo de mis abuelos y padres José Blanch y Luisa Callén.

La fiesta de San Isidro la celebramos así y es como yo la he conocido siempre, pero cambiando a mejor como cambia todo.

La tarde de antes las vecinas de la calle hacen una corona de flores para ponerla en la capilla del santo que está en la misma calle. Por la mañana se hace la misa en la que iban todos los vecinos de la calle y lo celebraban comiendo todos juntos. Poco a poco fue cambiando…. Se restauró la ermita de San Bartolomé donde también está la imagen de San Isidro. Años atrás se engalanaban los remolques que las cuadrillas de jóvenes preparaban pero esto ahora ya no es así.Ahora cada familia va con su coche . Hace unos años antes de llegar , personal del Ayuntamiento nos daban una longaniza para cada uno. Unos años comíamos en la misma ermita y otros  comíamos  con nuestras familias en los campos. Las cuadrillas hacían lo mismo. Todo el mismo lo celebraba a su manera.

Luego la fiesta se hizo popular. La misa en la ermita, después la bendición de los campos ¡que buena falta les hacía!, porque siempre hemos tenido mucha fe en San Isidro,¡ era el último suspiro!, si no llueve  ¡adiós la cosecha! y así un año y otro, ¡aquella tierra tan seca que por suerte cambió con los riegos!.Ahora tenemos que pedir un poco más a San Isidro, que llueva en los campos, que se llenen los pantanos y que haya nieve en las montañas, que no nos olvide. Así termina el acto religioso.

El cambio es que la fiesta es popular, comida de hermandad, que se prepara entre todos. Tenemos dos o tres cocineros  no de profesión sino de vocación, que tiene más mérito y muchos colaboradores. La Asociación de Amas de Casa y demás asociaciones se encargan de preparar las mesas. La comida, muy elaborada consiste en entrantes y el plato fuerte ,que  es unos años una caldereta de pescado y otros años cordero con patatas, setas y muchas cosas más. Está siempre buenísima… y de postre pastel, vinos, cava, café.

Después viene el baile, traen un conjunto o un trío que nos hacen pasar una tarde muy buena y divertida.

Una anécdota personal es que este día es  mi cumpleaños y el de algunos vecinos más del pueblo .El alcalde nos felicita a todos y nos cantan el cumpleaños feliz. Yo pienso ¡qué día tan feliz, celebrando mi cumpleaños con mi familia y todo el pueblo! Es un honor para mí.

En la comida estamos entre 170 y 190 personas. Sobre las ocho y media se termina el baile y nos despedimos hasta el año que viene.

  

Desde este sencillo escrito doy las gracias al Ayuntamiento por invitarnos a todos y en especial a los cocineros y colaboradores, que tan buena comida nos hacen desinteresadamente.

Matanza del cerdo en Candasnos

Relato de Alicia Ballabriga

Los primeros recuerdos que tengo de la matancía son de cuando era muy niña, en casa de mis abuelos paternos.

El día de la matancía era un día de mucho trabajo, pero a la vez de fiesta, ya que nos reuníamos todos los primos y los tíos.

Ese día se madrugaba mucho para hacer el fuego, se hacía junto a la cuadra donde estaban las caballerías, aquí se “pelaba” el cerdo y se limpiaban las tripas, pues era el sitio donde menos frío hacía.

Recuerdo que después del trabajo que suponía el limpiar las tripas y los intestinos del cerdo, cuando iban a hacer el embutido, que era para lo que se utilizaban, se rompían, y las mujeres que eran las encargadas de hacer este trabajo se enfadaban muchísimo, ya que era trabajo perdido.

Con la sangre del cerdo se hacían las bolas, y era tanta la gente que nos juntábamos, que la primera bacieta de bolas que salía de la caldera se la comían probándolas.

También tengo un leve recuerdo de cuando hacían el adobo. Los abuelos subían a una cocina que había en el granero y freían el lomo y la costilla, era lo que se hacía entonces para guardarlo en lo que aquí llamamos tinajetas, se guardaba cubriendo la carne con aceite para que aguantase hasta el verano. Yo siempre estaba por allí con ellos, porque me daban el primer trozo de lomo que salía de la sartén con dos rebanadas de pan frito.

El matachín en aquella época era de Candasnos, padre e hijo, le decían el tío Cartagena, ya no viven ninguno de los dos.

Estos son los primeros recuerdos de la matancía en mi casa.

En nuestra casa hemos seguido con la tradición, y voy a intentar explicar como hacemos el mondongo ahora.

El día de antes se preparan todos los utensilios a utilizar. Lo que se emplea en la era, que es donde se mata el cerdo, lo llevamos allí y el resto se queda en casa.

Mi marido es el que se pega el madrugón y va a la era a encender el fuego, poner las calderas con agua para que esté el agua caliente a la hora de utilizarla. Prepara el banco, donde se mata al cerdo y lo coloca cerca de la caseta donde está el cerdo hasta ese momento.

Cuando acudimos todos los de casa, hijos, sobrinos, nietos…… ya está todo preparado en la era y rodeamos el fuego en busca del calor. Justo empieza a amanecer.

Ahora queda esperar al matachín, siempre venía un señor de Ontiñena, señor muy agradable y muy limpio y pulido con su trabajo, pero ahora lo hace mi cuñado, que también lo hace muy bien.

Cuando ya hay buena luz llega el matachín, prepara sus utensilios y a enganchar al cerdo. Esta tarea es de los hombres, pues hace falta mucha mucha fuerza. El matachín lleva un gancho que por un lado sujeta al cerdo y por otro a su pierna, hace su trabajo mientras el resto de hombres sujetan al cerdo para que no se mueva y una mujer, que siempre soy yo, recoge la sangre del cerdo moviéndola sin parar para que no se cuaje. Esta sangre se guarda porque es la que se utiliza mas tarde para la elaboración de las bolas.

Como anécdota contaré que un año el cerdo se soltó del gancho, y suerte que mi hijo lo cogió por las orejas y no pasó nada, porque si el cerdo se escapa puede llegar a ser peligroso.

Cuando el cerdo está muerto y desangrado, se empieza a pelar, se va dando al matachín pucheros de agua hirviendo de la caldera y la va tirando por encima del animal mientras va rascando el pelo con unas cazoletas preparadas para ese trabajo. Una vez pelado el cerdo, queda limpio y blanco, y se cuelga por las patas traseras en alto para ir descuartizando la pieza en diferentes piezas más pequeñas, que vamos llevando a casa en barreños de plástico. Aún conservamos los primeros que gastábamos que eran de barro, pero que hemos sustituido por el plástico ya que pesan mucho menos.

Cuando se ha terminado el despiece el cerdo, se almuerza algo asado al fuego, generalmente, sardinas y se empieza con el segundo animal. La faena suele durar hasta la hora de comer.

La carne ya la tenemos en casa esparcida en cañizos cubiertos con sábanas blancas y mientras comemos se enfría la carne. Hay que esperar a que la carne este del todo fría para poder manipularla.

Cuando la carne está fría, empieza la tarea de las mujeres de la casa.

Durante los preparativos se ha colocado una máquina de capolar atornillada a una mesa, en la actualidad la utilizamos eléctrica, pues con la manual costaba mucho trabajo triturar la carne.

Se coloca la carne del cerdo en la mesa y se va cortando en trozos que pueda coger la máquina, a la vez que se va seleccionando. La carne más roja se utiliza para los chorizos y la más blanca para las longanizas, se va colocando cada tipo de carne en barrenos y los más pequeños de la casa acompañados de un mayor la van triturando, siempre manteniendo la carne separada.

Mientras las mujeres de la casa hacen esta tarea, la mas mayor de la casa, en este caso yo, prepara la caldera para ponerla a hervir en el corral de casa, solo hay que poner agua con sal para cocer la carne que se emplea para las butifarras, una vez está cocida esta carne, se pone a enfriar y se guarda el agua (colada) porque se emplea para cocer el arroz que se utiliza para las bolas, que es lo último que hacemos.

El resto de mujeres continúan deshuesando las partes del cerdo para la longaniza y el chorizo, cuando está todo triturado, se añade la parte proporcional de “tocino” que se estime y las especias necesarias para cada tipo de embutido. Mientras he estado pendiente de la caldera he hecho el adobo para el chorizo y la longaniza, que hay que añadir a la mezcla del embutido.

En un barreño tenemos el chorizo y en otro la longaniza, ahora dos mujeres por barreño se ponen a mezclar la carne a mano, bien remangadas y sin ninguna joya a “amasar” la carne.

Una vez se cree que están todas las especias bien repartidas y todo bien mezclado, se deja reposar un poco, se hace el “taste”, que es coger un poco de cada tipo de carne y se fríe en una sartén para probarlo. Aquí viene cuando la matan, pues todos los que están en casa prueban y dan su opinión, uno dice que le falta pimienta, otro dice sal, otro que está perfecto, en fin, se intenta llegar a un acuerdo y se rectifica.

Ahora se supone que la carne cocida para las butifarras se ha enfriado ya, así que ya podemos deshuesarla y pasarla por la máquina para que quede bien triturada y al igual que los chorizos y las longanizas se condimenta y se prueba.

A estas horas se hace otro descanso y se merienda un poco.

Una vez retomada la tarea, se emprende con las bolas.

Unos 10 días antes de la matancía habremos comprado “las toñas”, que son panes grandes de 2 kg, que hemos dejado secar para poderlos cortar bien. De estas toñas hemos hecho “sopas” y hemos rallado la miga.

Bien, las sopas las mezclamos con la sangre que habíamos guardado, las pasamos por la máquina y es cuando se añade el arroz que hemos hervido en la caldera, con el agua de la carne de la butifarra, añadimos las grasas del cerdo y la miga rallada, además hay que añadir los condimentos necesarios, pimienta, anís, piñones, azúcar, canela ……. Y otra vez a “amasar” y ha hacer el “taste”.

No en todos los sitios las bolas se hacen dulces, pero aquí las hemos hecho siempre así.

Mientras unas mujeres hacen esto, otras han ido embutiendo el chorizo y la longaniza a la vez que van atando el embutido resultante.

Los más pequeños de la casa están impacientes por empezar a hacer las bolas, pues no sé cual es el motivo, pero les encanta.

Siempre ha sido tradición gastar la inocentada a los más pequeños de la casa, consiste en hacerles ir a casa de algún vecino a buscar el molde de las bolas.

Los últimos aquí en casa fueron mi nieta y mi sobrino, que fueron a casa de una vecina y les puso en una caja de cartón unas maderas y nos caramelos, y los inocentes seguían sin entender para que hacía falta una caja tan grande para hacer las bolas.

Mientras se van manipulando las bolas, se van hirviendo las butifarras y así se van acumulando las bolas a cocer, con la masa que sobra se hacen muñecos para premiar a los pequeños de la casa.

Ahora queda la faena de colgar el embutido y recoger las carnes y huesos que no se han utilizado en el embutido así como salar los jamones y los blancos del cerdo.

Esto es el mondongo en mi casa, espero no aburrir con este relato, pues así es como se vive en mi casa el día de la matancía, día de fiesta y trabajo así como de comida para todo el año.

Alicia Ballabriga