Archivos de la categoría ‘Anécdotas en la escuela’

En esta sección introducimos algunos  relatos  de varias  de las alumnas del Centro Público de Adultos Bajo Cinca, en el aula de Candasnos. Ellas son Marina Villagrasa , Rosa Ballestar , Pilar Pérez , María Turmo, Alicia Ballabriga y Elena Blanch. Relatan  algunas experiencias de su paso por la escuela durante su infancia.

Yo soy su maestra en la actualidad . En las dependencias del ayuntamiento trabajamos tres  horas semanales :  técnicas de activación a la memoria,  extensión cultural  y una tercera en la que tratamos temas  de  cultura aragonesa. Es en esta sesión en la que actualmente  decidimos  recopilar informacion sobre  tradiciones, historias , imágenes  y vivencias del pueblo de Candasnos.

Tengo el  inmenso privilegio de haber conocido en este curso 2010/2011 a unas mujeres realmente fantásticas, con una energía, imaginación y  motivación fuera de lo común.

Nieves Lorenzo

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Al igual que mis compañeras voy a contar algunas anécdotas del colegio.

Comencé a ir a la escuela a los tres años. Los primeros recuerdos  que tengo son el de cantar el cara al sol antes de entrar en el edificio y de beber la leche y comer el queso de los “americanos”. Debo reconocer que a mí me parecía bueno y me lo comía todos los días, además la vida en aquellos tiempos no estaba tan abundante como ahora.

En el tiempo que fui a la escuela los chicos y las chicas íbamos a clases separadas, pero teníamos la suerte de juntarnos todos los sábados porque rezábamos el rosario en la clase de las chicas. La verdad es que algunas nos pasábamos el rosario pensando cuál era el chico que nos gustaba más.

Nuestros juegos favoritos giraban entorno a la Balsa de las Mulas; el barro que se acumulaba alrededor de la balsa servía para que hiciéramos “bajaditas”, es decir, nos deslizábamos por esas pequeñas  rampas poniéndonos la ropa realmente sucia y alguna vez nos asustábamos porque solían salir culebras.


En el invierno cuando se helaba la balsa, nos dedicábamos a cruzarla andando, cosa que les sentaba fatal  y les preocupaba mucho a nuestros  padres y maestros  y siempre conllevaba un castigo seguro.

Recuerdo otras travesuras típicas de niños, como cuando el campo que había junto a la escuela, que estaba sembrado de centeno y que a nosotras nos parecía ideal corretear por él chafándolo todo. La dueña venía constantemente a la escuela a dar queja a la maestra del destrozo que habíamos hecho.

Otra chiquillada fue cuando mis amigas y yo hicimos unas pintadas en el arco del ayuntamiento; vino el alguacil a la escuela a ver quién había sido y nuestra maestra doña Nieves nos castigó obligándonos a limpiar lo que habíamos escrito. Pasamos tanta vergüenza en aquellos momentos que, por supuesto, jamás se volvió a repetir.

Recuerdo el trabajo en la escuela,  la cantidad de problemas de matemáticas y cuadernos de caligrafía que hacíamos; de mis compañeros y compañeras, que hoy en día son mis amigos y particularmente tengo un buen recuerdo de las maestras, ya que todo lo que sé lo debo a ellas.

Por circunstancias de la vida pude permanecer poco en la escuela y no tuve la oportunidad de estudiar lo que a mí me gustaba. Si  hubiera tenido esa posibilidad, hubiera hecho Bellas Artes pues todo lo relacionado con las artes y la cultura me apasiona.

Elena Blanch

Me llamo María Turmo y os voy a relatar cómo fueron los pocos años en los que asistí a la escuela; son recuerdos que guardo con mucho cariño y alegría pues me gustaba mucho ir a clase.

Por circunstancias de la vida estuve en una finca en el monte de “Chusepet” y no pude asistir a la escuela hasta los seis o siete años.

Había cuatro aulas, donde recibíamos la enseñanza por dos maestros y dos maestras, con unos cien alumnos en total.

Estudiábamos con un solo libro, que se llamaba” Enciclopedia Grado Medio” y cuando fui algo mayor recuerdo que era un libro llamado “Fundamentos”. Mis maestros se llamaban Doña Camila López, Doña Nieves Gasca Garcés y Doña Isabel.

Durante el invierno, íbamos cada semana dos alumnas a encender la estufa, que era de carbón , así cuando venían la maestra y las compañeras estaba caldeada la clase. Así ocurría diariamente excepto los días de niebla, en la que se hacía mucho humo y había que abrir las ventanas, entonces hacía más frío dentro que fuera. También nos llevábamos un ladrillo refractario, lo calentábamos en la estufa y nos lo poníamos en los pies para calentarlos.

En el recreo de la mañana, la Sra. Casilda Ezquerra era la encargada de la cocción y distribución de la leche en polvo que nos daban –entonces se decía que venía de los americanos– y una pequeña cuña de un queso amarillo. Nuestras madres nos hacían unas bolsas pequeñas de una tela de cuadritos o rayas, donde llevábamos un vaso con asa de aluminio donde  en fila india nos bebíamos la leche.

A pesar de ir poco a la escuela, la viví muy intensamente. Había maestros que hacían repasos por las tardes y yo iba con todos ellos, especialmente con Don Fernando Barles y su hija Ascensión. Daban las clases en el patio de su casa , pues él estaba jubilado. Creo que íbamos  casi todos los niños del pueblo.

Recuerdo con mucho cariño la temporada que estuve en Ontiñena, y fui a la escuela con las monjas, de la congregación Carmelitas Teresas de San José. Allí en su tiempo ya tenían dos escuelas: una privada que era de monjas y otra pública. En Ontiñena aprendí ortografía y caligrafía, con unas libretas que llevaban unas frases hechas y yo tenía que terminarlas. En las libretas ponía Rubio.


Ahora de mayor, cuando tengo más tiempo para hacer lo que me gusta voy a la Escuela de Adultos, a unos cursos que se llaman Taller de Activación a la Memoria y Extensión Cultural, donde soy muy feliz. Llevamos desde el año 2005, primero con José Manuel, después Sergio, y ahora con una maestra que es de Fraga, y se llama Nieves Lorenzo, es muy atenta y cariñosa y nos enseña mucho, estamos encantadas con ella.

Estoy contenta porque estoy haciendo lo que más me gusta ir a la escuela y leer libros.

 

 

Mi cartilla de escolaridad

   

 


 

 

 

 

 

 

 

Me dice Nieves, la profesora, que escriba sobre la escuela…

Empecé siendo muy pequeña. Tendría 4 o 5 años en el año 1947 o 1948. La primera escuela a la que asistí era en casa de “Fermín” donde tiene el piso José Luis Lasierra. Yo era tan pequeña que me llevaba una silla de casa y la maestra, la señorita Manolita, nos ponía debajo de la pizarra. Estos son mis primeros recuerdos de la escuela.

Luego fui con Doña Camila López y Doña Nieves Casanova hasta los diez años. Estando con Doña Nieves cambiamos de escuela ; pasamos de casa Fermín ,a la nueva, cerca de la Capilla y de la Balsa de las Mulas (hoy parque y piscinas desde 1985).

A los diez años pasé a clase de los mayores con Doña Carmen Gil, de Huesca. Con esta maestra aprendimos mucho.

En aquellos años los americanos nos daban leche y queso. A la hora del recreo desayunábamos eso todos los días.

Al llegar a la escuela nos tocaba a dos o tres chicas preparar la leche en la cocina. La maestra nos mandaba dar vueltas por las clases para contar a los niños y niñas , ya que en épocas de siega, vendimia y olivas había menos alumnos en la escuela. Preparábamos para 30 0 40 niños y niñas  de cada clase.

Los chicos  y las chicas estábamos separados. Había dos maestros y dos maestras y si algún vez faltaba la  nuestra, entonces  íbamos con Don Antonio. Este maestro estuvo muchos años aquí e  incluso se casó con una candasnina, Montse.

En el año 1956 o 1957  vino la primera maestra de párvulos: Doña María Artal, que estuvo hospedada en mi casa durante dos años. Los primeros que fueron a párvulos fueron Miguel y Oscar Turmo, Inma y todos los quintos.

En el año 1956 dejé de ir a la escuela por la mañana para estar con mi abuela Lorenza y con mis tíos. Iba entonces por la tarde a clase y mientras mis compañeras hacían ganchillo o cosían, yo realizaba el trabajo que ellas habían hecho por la mañana. Cuando terminaba, Doña Marina Gascón, que fue mi última maestra, me hacía leer en  voz alta “ El Quijote” y “Lecturas de oro”, entre otros. Con ella también comenzamos a hacer exámenes trimestrales, ya que antes nos evaluaban según como llevábamos el curso.

Yo me lo pasaba muy bien porque tuvimos muy buenas maestras. Cuando salimos estábamos muy bien preparados porque nos enseñaron mucho.

Pilar Pérez

Relato de Marina Villagrasa

En Candasnos la escuela se empezaba a los cinco años y terminaba a los catorce. Las chicas   iban a una clase y los chicos a otra. Las chicas teníamos la clase en “casa del tío Fermín “y los chicos en las dependencias del ayuntamiento. Hasta los diez años éramos pequeños y a partir de esa edad ya éramos los mayores.

Para calentarnos en invierno teníamos estufas de carbón, pero para que funcionaran teníamos que llevar la leña de casa nosotros mismos. Cuando hacía mucho frío, para calentarnos los pies, nos llevábamos unas latas rectangulares con asa  llenas de brasas de nuestra casa.

Por las mañanas las chicas estudiábamos Geografía e Historia de España, Matemáticas...¡ todo de memoria! La maestra nos preguntaba a cada una por turnos algo de la lección  y entonces pensamos que estudiando solo lo que nos correspondía,  no hacía falta estudiar más. Pero un día faltó a clase la primera de la lista y el turno dio un salto y ahí se descubrió que no sabíamos nada más de la lección que lo que nos “tocaba”.Quiero decir que cuando era el cumpleaños de una alumna se le exculpaba de recitar la lección.

El patio de recreo era la calle en donde jugábamos a la cuerda, a pelota, “marro” y tabas.

Por la tarde todas a coser… Muchas veces para mantenernos calladas, la maestra nos hacía contar,  bien los números hasta cien o la tabla de multiplicar.

Los castigos consistían en ponernos de rodillas  o escribir 10, 100 0 500 veces aquello que habíamos hecho mal. Algún cachete también  nos daban… Yo estuve 15 tardes de rodillas porque no sabía hacer “cruceta” ( punto de cruz). Aprendí sola en casa cansada de que me castigaran. Ahora me gusta mucho hacer cruceta. Tengo 71 años y les he hecho a mis nietos un cojín del Real Madrid con punto de cruz.

VIVENCIAS EN LA ESCUELA

Soy Rosa Ballestar Janín y voy a relatar como era la escuela en los tiempos en los que yo asistí a ella. Tan solo tenía cuatro años cuando fui por primera vez a la escuela, oficialmente se asistía a los cinco o seis años, pero me cogieron porque iba con mi hermana mayor.

Mis primeros maestros se llamaban Angelita y  don Manuel García que  estaba casado con una señora de Candasnos llamada Emilia . Este maestro  recuerdo que nos hacía clase en el salón de “Mariñoso”; también recuerdo que para hacernos callar daba un golpe  con la regla en la mesa y todos nos quedábamos en silencio.  Todos íbamos juntos chicos y chicas ; esto fue después de la guerra.

Luego mi maestra fue doña Luisa Sánchez que era de Jaca. Con ella permanecí  en la escuela desde los seis años hasta los catorce. Para mí fue una gran maestra.

Por la mañana las clases comenzaban a las 9 y las dedicábamos a lecturas en voz alta, problemas de matemáticas, dictados y redacciones, cuentas, algún día dibujo; por las tardes,  las chicas las dedicábamos a la costura.

Los jueves nos llevaban  a coser  a una era, nos enseñaban canciones y juegos o nos llevaban de paseo a los puentes de la carretera de Ontiñena.

El día que tocaba esta excursión , la maestra por la mañana , nos decía que trajésemos la merienda  para la salida.

Había otra maestra en la escuela que se llamaba Anita, que también era estupenda. También venían dos maestros con los chicos, entonces teníamos dos clases de chicas y dos clases de chicos. Los dos  maestros se llamaban Antonio y uno era rubio y el otro moreno. Los dos se hospedaban en casa de casero. Eran también eran buenos maestros y enseñaban mucho. Mi hermano mayor asistió a la escuela  con ellos.

Doña Luisa Sánchez también nos enseñó a hacer teatro, que representábamos a final de curso o en Navidad. Yo recuerdo una función que representamos en el granero de Casa Fermín.

También fui alumna de doña Camila López, cuyo marido también fue maestro y se llamaba Don José Caulin.