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CUANDO POR FIN NOS LLEGÓ EL NUEVO CURA

Nací  en el año 1941, por lo tanto en la posguerra, tiempo de la cartilla de racionamiento y del pan negro, yo lo comí poco, pero me acuerdo de él. ¡No! , no es de estos recuerdos de los que quiero referirme en este relato. Los recuerdos de hoy me llevan a los años de  1952 a 1956-57, más o menos.

En uno de los bombardeos que sufrió nuestro pueblo durante la Guerra Civil, se destruyó la casa del cura  y Candasnos se quedó sin sacerdote y así estuvo durante muchos años. No nos faltaban los servicios religiosos, por supuesto, estábamos bien atendidos por mosén Agustín, el cura del vecino pueblo de Peñalba, un hombre rudo y grande (es como lo veían mis ojos de cría), que repartía su apostolado entre los dos pueblos. Cuando venía a Candasnos  me llamaba la atención el ayudante o sacristán mayor que colaboraba en sus tareas “ el tío Julián” hombre bueno como el que más, había sido estudiante de cura durante años en el seminario de Lérida y de esa experiencia le quedó -digo yo- el gusto por el latín y el canto gregoriano,  en todas los servicios religiosos, entierros, fiestas y demás eventos, nos obsequiaba  con unos cantos en latín que nos maravillaba. Y así pasaron varios años…

Las ruinas de lo que fue la casa del cura, servían para los juegos a guerras y guerreros de todos los críos del pueblo, y  de tanto atravesarlas se había hecho una senda que nos permitía llegar antes a la iglesia. Hasta que un día, empezó a correr la noticia de que iban a reconstruir  la casa del cura y nos enviarían un cura para nuestro pueblo.

Por fin se terminó la casa y llegó el cura. Todo el  pueblo estaba expectante, ¿cómo sería?,  ¿sería joven o viejo?, ¿qué carácter tendría? Supongo que vendría el Sr. Obispo para presentarlo en la primera misa, esto, no lo recuerdo muy bien, pero seguro que sería así.

Se llamaba José María Gardeñes , era de la provincia de Lérida ,de Alguaire y era joven , simpático y con muchas ganas de trabajar. En poco tiempo se puso a casi todo el pueblo en el bolsillo (digo a casi  todos  por respeto a las ideas religiosas de toda la gente)

A las chicas de mi edad y a  otras algo mayores (entre los 11 y 13 años) nos atraía sus reuniones en la escuela y en la casa parroquial, que estaba abierta a todos los críos y jóvenes del lugar; realizó una labor pastoral importante, organizó grupos de mayores para encuentros de ejercicios espirituales, organizó las Hijas de María, en fin,  que puso a este pueblo  al día en temas religiosos, acordes con la época que vivíamos.

Hubo un tiempo, que quiso que aprendiéramos música y todas las mañanas íbamos a misa de ocho y tras  la misa nos daba clase de solfeo, que pronto empezó a atragantársenos el dichoso pentagrama.

Lo que si nos gustaba mucho, era ensayar canciones, de hecho nos inscribió a las chicas en un concurso de canciones populares  que  organizaba la Sección Femenina de la Falange en Huesca, que por cierto ganamos el primer premio de la región, de ganar la siguiente prueba, abríamos saltado al nacional, pero nos quedamos las segundas. Según algunas lenguas  fue porque hubo tongo pero a pesar de todo lo pasamos muy bien.

        

Aquí os muestro algunas fotografías de ese día tan especial; una parada en el camino  y el grupo en la puerta de la catedral.

           

La casa del cura fue en aquellos tiempos nuestro lugar de juegos para chicos y chicas. Un  día  mosén Gareñes trajo unos patines de ruedas, que por supuesto eran para los chicos, pero nosotras no íbamos a dejar de divertirnos igual que ellos, así que nos las ingeniamos para poder patinar lo mismo que los chicos,  nos agenciamos unos imperdibles que prendíamos en los bajos de las faldas (entonces no se usaban los pantalones), de esta forma, si nos caíamos, no enseñábamos nada .Esta diversión me duró muy poco,se acabó en cuanto se enteró mi madre … y ¡ menuda reprimenda que me dio!.

Recuerdo lo bonita que fue la temporada de teatro que organizó,  los ensayos y el montaje de las obras. Yo no participe en esto, pero los que lo hicieron disfrutaron  mucho. Todos lo hacían muy bien, eran excelentes actores,  pero recuerdo que se comentaban mucho las interpretaciones, de Carlos Villagrasa, Rosa Ballestar  y los que entonces eran unos críos, Aurelia y Gonzalo Villagrasa,

Otra cosa que también marco un hito, fue la cabalgata de reyes que montaron todos los jóvenes capitaneados por mosén Gardeñes y que fue un acontecimiento para todo el pueblo. Al anochecer del 5 de enero empezó la cabalgata, ¡parece que lo estoy viendo ahora! Tal como pasaba la cabalgata, iban dejando los regalos en las ventanas y balcones; todo estaba lleno de colorido,  los reyes y los pajes iban  muy bien vestidos, también había caballos,  y todo el pueblo detrás.  ¡Fue  extraordinario!.

Fueron unas cuantas pinceladas de alegría , que rompieron  un poco  la monotonía  y la tristeza que se arrastraba en esa época  y en la que  se luchaba mucho para salir adelante.

A la vuelta de 4 ó 5 años mosén Gardeñes dejó de ser nuestro párroco. Cuando las personas son muy válidas se las llevan a la ciudad o pueblos más grandes, donde pueden desarrollar más su valía. Al final perdimos su rastro…¡ pero no del todo!, algunos años después, supimos que dejó el sacerdocio y formó una familia. A día de hoy, no sé si vive o no.

Ya nunca nos faltó cura en Candasnos. Le sucedió mosén Ros, a quién por lo visto la casa no se acomodaba a sus necesidades y realizó bastantes cambios. Fue el cura que mas años seguidos  estuvo en el pueblo y después se han ido sucediendo con mucha frecuencia .

 En la actualidad se han vuelto a  compartir los curas con otros pueblos, pero ahora es por la falta de vocaciones sacerdotales. De los tiempos de ir a evangelizar a Sudamérica y otras partes del mundo, se ha pasado a la necesidad de traer sacerdotes de esos países.

En la restauración de la iglesia que se realizó hace unos años, decidieron derribar la casa del cura; en su lugar hay una pequeña plaza, a la que me gusta llamar  “Plaza de la Abadía” y paradojas de la historia, volvemos al principio, sin casa del cura y compartiendo al párroco que vive en Peñalba.

Mercedes Pueyo